Sobre el Decrecimiento
| Programa de salida de crisis |
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| Written by Romain |
| Monday, 01 February 2010 10:36 |
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There are no translations available. Un programa de salida de crisis 1. Una crítica del trabajo Queremos acabar con la centralidad del trabajo. No significa que odiamos cualquier actividad, solo significa que preferimos los trabajadores al trabajo. Antes de producir por producir, queremos pensar lo que fabricamos y cómo. Queremos también seguir esta larga lucha de reducción de tiempo de trabajo. Así podremos trabajar menos y mejor creando en el mismo tiempo más vida social fuera del trabajo. 2. Negarse como consumidor No queremos ser consumidores listos ni consumidores tacaños. Somos anticonsumidores. Queremos sobre todo volver a controlar lo que necesitamos, por ejemplo a través de la autoproducción y las cooperativas de producción y de compras. 3. Elegir el reparto contra la desigualdad El 20% de la población posee el 80% de los recursos naturales. No sería tan grave si pudiéramos compensar para hacer crecer el pastel, pero si los 6 mil millones vivieran como nosotros, necesitaríamos 3 planetas, si viviéramos todos como un estadounidense, necesitaríamos 7. El crecimiento no puede ser entonces la solución. Además de eso, el crecimiento genera por si desigualdades sociales ya que el enriquecimiento de unos depende del empobrecimiento de otros. Compartir es necesario. Entonces el primero de los decrecimiento tiene que ser el de las desigualdades. Por lo tanto, porque no podremos vivir todos como pequeños burgueses, hacemos de este modo de vida frugal pero que goza de la vida el fundamento de nuestro proyecto. Los pertenecientes al 80% más pobre sabrán imponer un ingreso máximo autorizado. 4. Relocalización contra globalización Nuestra sociedad hace de nosotros individuos sin raíz, como tomates que crecen sin tierra. Esta globalización destruye a los humanos y al planeta. Frente a eso, proponemos lo local sin las paredes. Tenemos entonces que apostar por la relocalización, los circuitos cortos, los recursos locales y los productos de temporada. Para defender la biodiversidad genética y la riqueza cultural. Para permitir más democracia y volver a dar la palabra a cada uno. 5. Reducir la velocidad La sociedad productivista necesita velocidad ya que se relaciona con el "cada vez más". Vivimos la dictadura de los tiempos cortos sobre los tiempos largos y de los tiempos rápidos sobre los tiempos lentos. Esta aceleración de unos genera todavía más desigualdad. No aguantamos esperar aunque este tiempo sea necesario para pensar y construirse. El combate para reducir la velocidad es, así, un gran combate. Pasa por la invención de herramientas técnicas (embridado de motor, exclusión de los coches en el centro de la ciudad, cercanías en vez de TAV) pero también por herramientas sociales (slow-food, ciudad lenta, etc). La velocidad es algo indispensable en el capitalismo, que no puede parar de andar cada vez mas rápido; si no, se cae como un ciclista que para de pedalear. 6. Cooperación contra competencia La sociedad productivista se nutre de la competencia. Ha generalizado el principio de competencia, y eso desde la escuela. La "deportivización" de la vida fue una manera de enseñar este "valor". La competencia es probablemente eficaz en cuanto a la progresión del PIB, pero tiene consecuencias sociales desastrosas. La historia nos ha enseñado sin embargo que lleva necesariamente a que los grandes se coman a los pequeños. Y eso porque los grandes tienen economías de escala que les permiten fabricar en grandes cantidades para vender siempre más barato. Los objetores de crecimiento están del lado de la cooperación, condición para volver a tomar el poder sobre nuestras vidas. Tenemos que imponer el espíritu de la cooperación en la escuela, en los juegos, en todas partes. Tenemos que apoyar las cooperativas de producción, de consumo, de vivienda, el hábitat agrupado, la vida asociativa. La cooperación puede ser un principio anti-económico actualmente pero sobre todo y con preferencia un principio social y político. Debe permitirnos dar un paso hacia adelante sin esperar un cambio radical ni un centralismo devastador. 7. La autonomía contra la dependencia La sociedad industrial nos quita el poder de nuestra vida. Los expertos han reemplazado el ciudadano, ahora simple consumidor. Hemos perdido no solo los medios de entender pero también los medios de acción. Pensar es saber decir no, por eso tenemos que extender nuestra autonomía, negándose, cada uno según sus posibilidades, a pactar con esta sociedad. 8. La gratuidad contra la "venalización" El capitalismo vende todo y compra todo. Pero no denunciamos solo el hecho que cada cosa tenga un precio (que se podría resumir con el lema "El mundo no es una mercancía"), denunciamos también el hecho que este precio dependa solo de una relación de fuerza (el mercado libre). La venalización es el fin de la noción de justo precio, el fin del sueldo mínimo. Fragiliza los individuos y rompe las bases del vivir juntos. Para luchar contra eso tenemos que extender la esfera de la gratuidad, estos bienes comunes que la sociedad ha considerado como indispensables: escuela, salud, por qué no, transporte público. 9. El jardín planetario contra la destrucción de la naturaleza Los países productivistas actúan todos de manera totalmente irresponsable con el planeta. Se estime que más del 65% de los ecosistemas están deteriorados. Estos países han aprendido a controlar la naturaleza pero han descubierto también que la naturaleza resiste y se venga: catástrofes naturales, agotamiento de los recursos, calentamiento. Han rechazado a esta naturaleza que no consiguen dominar y hacer entrar en sus cálculos económicos. Frente a eso, necesitamos otra relación con la naturaleza, defendiendo la diversidad y minimizando nuestro impacto. Romain Lauféron del colectivo Deshazkundea (www.deshazkundea.org). Enero 2009. Inspirado del articulo "Un programme de sortie de crise" del periodico "La Décroissance" nº65 |





